Cuando
le vi, caí como muerto a sus pies. (Apocalipsis 1: 17a)
Juan al ver
a Jesús en gloria colapsa, la expresión caer como muerto puede
entenderse como una perdida total de fuerzas, Juan cae a los pies de Cristo, literalmente
se encontraba rendido a sus pies, este es el resultado de nuestra humanidad
frente a la gloriosa santidad de Dios, Isaías al experimentar una visión de
la gloria de Dios sintió que moriría.
Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre
inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han
visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos. (Isaías 6:5)
Ante la
presencia de Dios no hay
argumentos, opiniones, posiciones y justificaciones personales que valgan, quedamos
humillados, tirados a sus pies deseosos que sea él quien nos levante y nos
enseñe.
Yo conozco que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda
de ti. ¿Quién es el que oscurece el consejo sin entendimiento? Por
tanto, yo hablaba lo que no entendía; Cosas demasiado maravillosas para mí,
que yo no comprendía. Oye, te ruego, y hablaré; Te preguntaré, y
tú me enseñarás. De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te
ven. Por tanto me aborrezco, Y me arrepiento en polvo y ceniza. (Job
42:2-6)
Y
él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; (Apocalipsis 1: 17b)
Sentir el
toque de Dios ha de ser maravilloso y si viene acompañado de sus palabras de aliento aun mayor ha de ser el
impacto, Esta acción de Jesús nos recuerda la trasfiguración donde el señor
hizo lo mismo con sus discípulos.
Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz
desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a
él oíd. Al oír esto los discípulos, se postraron sobre sus rostros, y tuvieron
gran temor.
Entonces Jesús se acercó y los tocó, y dijo: Levantaos, y no
temáis. (Mateo 17:5-7)
Ahora, la
biblia nos invita a tener temor de Dios y en este pasaje el mismo Dios
nos dice no temas, lo cual puede parecer contradictorio para algunos, pero
en realidad no es así, existen dos tipos de temor en la biblia: El temor
de Dios y el temor sinónimo de miedo.
El temor de
Dios nos apartará
del mal, por que el temor de Dios es aborrecer el mal.
Con misericordia y verdad se corrige el pecado, Y con el temor de
Jehová los hombres se apartan del mal. (Proverbios 16:6)
El temor de Jehová es aborrecer el mal; La soberbia y la arrogancia, el
mal camino, Y la boca perversa, aborrezco. (Proverbios 8:13)
El temor de
Dios es el principio de la sabiduría, es manantial de vida y en
este está la fuerte confianza y la esperanza que necesitamos como hijos
de Dios para perfeccionar la santidad en nosotros.
El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; Los insensatos
desprecian la sabiduría y la enseñanza. (Proverbios
1:7)
El temor de Jehová es para vida, Y con él vivirá lleno de reposo el hombre; No
será visitado de mal. (Proverbios 19:23)
En el temor de Jehová está la fuerte confianza; Y esperanza
tendrán sus hijos. El temor de Jehová es manantial de vida para
apartarse de los lazos de la muerte. (Proverbios 14:26)
Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda
contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor
de Dios. (2 corintio 7:1)
En cambio, el
temor sinónimo de miedo no debe estar en el creyente, evidencia la falta
del perfecto amor en nosotros.
En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en
sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor. (1
Juan 4:18)
Dios nos
anima a no sentir este tipo temor porque Él está con nosotros y nada es más grande que él.
No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo;
siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia. (Isaías
41:10)
Es tiempo de tener temor de Dios en
nosotros y echar fuera el temor que nos impide avanzar, No temas, te dice el
Señor.
